Un eterno durante.

Las imágenes que se encuadran en el proyecto Un eterno durante plantean una lucha entre naturaleza y arquitectura. Estos cuadros instauran un momento decisivo en la escisión que surge entre lo natural y lo artificial, el momento justo en el que las cosas comienzan a surgir, el momento en el que todo estalla. Una ruptura, una explosión que hace que el mundo se tambalee y salte por los aires, partiéndose en dos.

Esta arquitectura atacada y ultrajada es femenina, tiene piernas, tiene tacones, nos recuerda a la Femme Maison de Louise Bourgeois. Una relación entre el cuerpo femenino y el hogar, la idea de que en algún momento el cuerpo de mujer puede albergar vida. Un espacio cotidiano y familiar donde se nace, se vive y, como un rayo fulgurante, todo desaparece sin más, a manos de la propia vida, de la propia naturaleza. Lo que antes era un cuerpo habitable se convierte en un espacio invadido, la naturaleza comienza a brotar en este cuerpo maltrecho como la mala hierba que remonta.

Tras adentrarnos en el interior de la casa-mujer podemos atisbar una segunda naturaleza, una segunda vida. Ésta va apoderándose de la economía del hogar dando lugar a un nuevo paisaje. La vegetación se expande y nos damos cuenta que estamos presenciando el extraño momento en el que la arquitectura desplomada aún no tiene el carácter mágico de la ruina, ni la naturaleza ha cubierto del todo a su yugo de piedra. Ese momento en el que todavía no hay un antes y un después, si no un eterno durante.

La naturaleza de estos cuadros regresa de manera traumática para acabar con el paisaje artificial que hemos ido construyendo sobre ella. El sueño, la felicidad y tranquilidad del hogar, se ve trastocado por una naturaleza salvaje que quedó sepultada por su representación idealizada.

Pilar se contradice y se complementa, y es que, en estas imágenes, encontramos otra batalla, una lucha entre dos conceptos de naturaleza. Por un lado encontramos un espíritu romántico, una búsqueda espiritual que se revive en esa idea de belleza y paz que durante siglos se ha asociado a la naturaleza; pero a la vez, este preciosísimo de formas y colores imposibles está atacando, demoliendo, ocupando un cuerpo. Es ahí donde encontramos ese otro concepto de naturaleza, la que se revela y destruye, la salvaje y peligrosa. No se sabe si es más real que la anterior, o simplemente una representación más que lucha con violencia por seguir ocupando un espacio en nuestro imaginario, en nuestro hogar.

Pilar es un homenaje a los dos elementos que conviven en sus cuadros: a la naturaleza, con todas sus acepciones, y a nuestras madres, que nos tienen a buen recaudo hasta cuando no pueden.



   Andrés Pachón. (Madrid, 20  Noviembre 2011)





                             
Pilar-es. 2011 Acrílico sobre lienzo 200x200 cm.


Pilar. 2011 Papel, rotulador, impresión y lápiz de color sobre papel 53x72 cm.


Pilar II. 2011 Papel, impresión, acuarela y lápiz de color sobre papel 53x70 cm.


Mujer poblada. Vol.II. 2012 Papel y grafito sobre papel 90x70 cm.


 Creció bajo su piel. 2012 Papel, lápiz de color y acuarela sobre paple 75x55 cm.


 Lo que ocultamos. 2011 Papel y grafito sobre papel 70x100 cm.


      
         Su lugar preferido. 2012 Papel, lápiz de color y acuarela sobre papel 60x80 cm.


        
             Lo que ocultamos.Vol II. Acrílico sobre lienzo 30x40 cm.



Creció bajo su piel. Vol II. 2012 Papel, acuarela y lápiz de color sobre papel 85x110 cm.


Inesperada primavera. 2012 Acrílico sobre lienzo 30x30 cm.


Mujer poblada. 2012 Acrílico sobre lienzo 130x100 cm.



Íbamos sin saber. 2012 Papel y lápiz de color sobre papel 72x82 cm.


Crash. 2013 Papel, lápiz de color y acuarela sobre papel 150x110 cm.



La siesta. 2013 Papel, lápiz de color y acuarela sobre papel 155x115 cm.


La cama. 2014 Grafito sobre papel 70x50 cm.


La esperada primavera. 2014 Acrílico sobre lienzo 35x35 cm.